Atlético de Madrid. El barco se hunde

Atlético de Madrid. El barco se hunde

Hace ya tiempo que el barco del Club Atlético de Madrid navega a la deriva por mares cercanos y océanos lejanos. Sin un rumbo determinado, provocado por la falta de un buen capitán/armador de barco que dirija con órden, diligencia y sentido común, el buque da bandazos y tan pronto navega por aguas tranquilas como se ve inmerso en la peor de las tempestades, se adentra en remolinos y corrientes de las que es difícil salir, es abordado con cierta frecuencia por piratas que arrebatan el oro y riquezas de sus bodegas y, de vez en cuando, atraca en alguna isla paradisíaca para relajarse por un tiempo, siempre corto, en sus virginales playas de aguas tranquilas de días cálidos y soleados.

A principios de cada verano, el barco regresa a puerto y gran mayoría de la tripulación abandona su puesto cansados de tantos bandazos o por desavenencias con sus capitanes y/o patrones. Otros se marchan tambien, enamorados de los cantos de sirena que escuchan cuando navegan cerca de territorios inexplorados, ya que han oído hablar de que allá se encuentran paraísos en donde los abundantes éxitos están grantizados. Otros, sin embargo, deciden enrolarse en algún otro buque buscando destinos menos agitados. Hay marineros y patrones que son despedidos sin piedad, aún teniendo su hoja de servicio reluciente como la patena y sin embargo vemos como hay contramaestres que siguen en su cargo aunque se equivoquen sistemáticamente y tengan más errores que aciertos en la gestión de la tripulación, como tambien algunos marineros de agua dulce que continúan desempeñando sus funciones inexplicáblemente temporada tras temporada. Pese a todo ello, siempre salen nuevos grumetes y marineros con menor o mayor experiencia (algunos con mejores cualidades que otros), que están dispuestos a surcar los mares a bordo del viejo barco. Algunos atraídos por las promesas que les ofrecen los capitanes/armadores, y otros seducidos porque su casco conserva cicatrices de antiguas conquistas y batallas que todos ellos escucharon comentar de boca de aquellos viejos lobos de mar, que tuvieron la suerte de formar parte de la tripulación en los años gloriosos de dicha embarcación.

Durante cada verano, los capitanes y armadores del viejo y maltratado barco buscan financiación para su nueva campaña en tierras del nuevo mundo o allende los mares en el lejano oriente, y prometen e ilusionan a sus queridos allegados y al resto de la corte con promesas y esperanzas asegurando que esta vez sí conseguirán alcanzar nuevas conquistas. Entre tanto, y como ya hemos comentado, los dos capitanes/armadores y el contramaestre rehacen de nuevo la tripulación, intermediando la mayor parte de las veces en la recomposición de la misma el quilón de turno o el afamado representante y comerciante portugués, obteniendo todos un abundante beneficio en el desarrollo de la operación comercial, intentando a su vez remozar la cubierta y el casco dando una nueva capa de barníz sobre las capas anteriores que se van acumulando y agrietando con el paso de los años.

Con la nueva tripulación a punto, y casi siempre con un nuevo patrón al mando de la misma, comienzan la nueva temporada al final de cada verano prometiendo a sus ávidos fieles al zarpar que volverán, cual Vasco de Gama o Cristóbal Colón, victoriosos por las conquistas tras las duras batallas y con las arcas llenas de oro y plata. Hay temporadas desastrosas en las que ya se comienza con la mala noticia de un desertor o deportado de última hora que apenas llega a surcar unas cuantas millas a bordo, u otras en las que una epidemia de cólera hace enfermar a la mitad de la tripulación poniendo en peligro de hundimiento al navío. Otras en las que sus capitanes/armadores son llamados a la justicia e incluso encarcelados al demostrar las autoridades que cometen fraudes y no se ajustan a la legalidad, convirtiéndose en viajes con destino a un hundimiento seguro. Otras en las que se ven abordados surcando ríos navegables locales en pleno viaje hacia el mar por pequeñas embarcaciones que jamás soñarían con derrotar a una nao de tal calibre, hipotecando la travesía y repercutiendo de mala manera en el desenlace de la temporada. Y sin embargo hay algunas, muy escasas, en las que todo sale bien de principio a fin y se alcanza la gloria o que comienzan de mala manera y terminan contra todo pronóstico saboreando las mieles del triunfo.

A pesar de que el balance tras tantos años surcando los mares es negativo, es tal el poder de los armadores, que mantienen ilusionados a la mayoría de sus fieles cada temporada pese a no lograr los éxitos tan esperados, pese a fracasar con estrépito a las primeras de cambio ante barcos de menor calado, pese a ser derrotados casi siempre por el barco vecino de los almirantes blancos y pese a acumular deudas y pérdidas año tras año que llevan a la empresa a un final cercano y al hundimiento fatal y definitivo de este otrora admirado y respetado gran buque legendario. Por eso fieles seguidores, es la hora de invitar a los capitanes/armadores del barco a que icen las velas, amarren el barco y tengan la consideración de ponerlo en venta para que los propios fieles u otros propietarios sean capaces de reflotar el barco y pueda recuperar y reverdecer sus años de gloria con la gestión y calidad adecuadas que merecen sus años de historia, antes de que en el transcurso de alguna campaña se hunda para siempre desapareciendo en el fondo del mar.

Imágen editada obtenida de: rcastexmisacuarelasmisbarcos.blogspot.com

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