El Atleti, el Derbi y el nivel de exigencia

Espectacular tifo de las gradas del Vicente Calderón conmemorando los 110 años de historia colchonera

El Atlético de Madrid, a las órdenes del Cholo Simeone, está completando una gran temporada, una de las mejores de la historia del club, que comenzó ganando la UEFA Supercup en Mónaco con una goleada espectacular ante el todopoderoso Chelsea entrando en los anales de la historia. Pero entre todo este éxito y este gran rendimiento hay un pero, y no es otro que el problema ya catalogado como freudiano de no ganar al eterno rival, el Real Madrid, en el Derbi. Un problema que acumula ya 14 años de derrotas consecutivas, de caer una y otra vez sin importar las estadísticas, la trayectoria, el estado de forma, de ánimo o de si juegan las estrellas tanto como si no.

Di Maria celebra el gol de la victoria del Real Madrid en el Derbi (27/04/2013)

Esta vez parecía que por fin llegaría la ansiada y esperada victoria. El Real Madrid acudía al Vicente Calderón con el equipo B, tras reservarse para el partido de vuelta de la semifinal de Champions League contra el Borussia Dortmund, e incluso su máxima estrella, Cristiano Ronaldo, ni siquiera estaba convocado por molestias físicas. Era la ocasión perfecta, todo parecía ponerse de cara al Atleti para acabar con una fatídica mala racha. Así lo entendió la afición, que calentó el partido en las horas previas en los aledaños del estadio y que formó un gran y colorido tifo para conmemorar su reciente 110 cumpleaños. Y así parecieron entenderlo el Cholo y los jugadores, pues en el minuto 3 de partido ya ganaban 1-0 con gol de Radamel Falcao. En derbis pasados, el gol tempranero siempre caía de lado de los blancos, pero esta vez era el Atleti el primero en dar un golpe sobre la mesa. El primer paso ya estaba dado, sólo quedaba defender con solidez para tratar de marcar más goles y certificar la victoria, pero cuando todo parecía marchar sobre ruedas llegó una acción desafortunada. Juanfran marcaba sin querer en propia puerta tras un disparo de Di Maria y entonces la seguridad, el ímpetu y la fe iniciales se convirtieron en miedos y recuerdos pasados que afloraron simultáneamente en el colectivo rojiblanco. Como un personaje con baja autoestima al que cualquier mínimo problema le parece un mundo, el Atlético sintió por dentro de sí que esta vez tampoco podría doblegar al eterno rival. El equipo trasladó esa sensación a las gradas, y la afición, que ya había visto esta película más veces, se resignó y dejó de creer. Sólo unos cuantos cánticos de vez en cuando no parecían ser muy convincentes para recargar y devolver la confianza perdida a los jugadores. Pero lo más extraño de todo es que Simeone, gran motivador y líder de grupos, no supiera dar con la tecla necesaria para elevar la autoestima de los suyos insuflándoles la moral e inyectándoles la fórmula del triunfo. La consecuencia de todo ello otorgó de nuevo el triunfo al Real Madrid, llevándose una victoria conseguida casi sin esfuerzo, gracias a una inercia imparable que siempre decanta el Derbi a su favor. Curioso resultado el de una fórmula que antes de disputar el partido tenía al Atleti como favorito y al Real Madrid como invitado. El Atleti ansiaba ganar, el Real Madrid presentaba una alineación con la que probablemente intuía que perdería, sin embargo la inercia histórica y el desistimiento rojiblanco hicieron darse la vuelta a las tornas.

Enrique Cerezo, presidente del Club Atlético de Madrid

Pero por qué de nuevo una derrota? Ojalá supiéramos las causas o tuviéramos el tratamiento de un caso que ya merece un psicoanalista, pero sí podemos ofrecer algunas claves actuales e históricas que influyen, y mucho, en esta reincidente derrota. La primera es la fragilidad mental de un equipo que parece fuerte pero que no es capaz de soportar la presión y la ansiedad cuando se enfrenta al eterno rival. La segunda es la falta de respeto de la que bochornosamente hace gala su presidente, Enrique Cerezo, cuando bromea en declaraciones con los medios y periodistas poniendo la historia y la idiosincrasia del Atlético a los pies de los caballos, pisoteando el escudo que él, como máximo dirigente, debería ser el primero en defender. La tercera es la asombrosa actitud de un venerado entrenador que nos ha dado la gloria, que en lugar de abroncar a sus jugadores por la pobre actitud y proactividad hacia la victoria ofrecidas recordándoles el nivel de exigencia que deben asumir, los defiende diciendo que si no se ha ganado en esta ocasión ya se conseguirá a la próxima. La cuarta es el complejo de inferioridad de algunos jugadores que declararon tras el partido, que eran manifiestamente inferiores al rival sólo porque el presupuesto del vecino es bastante mayor y que prácticamente no había nada que hacer. La quinta y última es la actitud de una mayoría de afición adormilada, que ya ni siquiera pita o muestra su enfado al ver como su equipo pierde sistemáticamente en el Derbi, resignándose y agachando la cabeza sin pararse a buscar a los verdaderos culpables de este suplicio, que amenaza con volverse eterno si no se encuentran soluciones que demandan un club libre mal arrebatado a sus socios soberanos. Se podrá luchar por ganar la final de la Copa, vendrán más éxitos y más títulos, y yo como reconocido aficionado asistiré y me alegraré con ellos, pero nunca me dejaré olvidado luchar por la soberanía que nos han arrebatado.

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